Musas y muses
Hace unos días hablé con mi musa. Tras el protocolo de presentaciones le pregunté:
- ¿Por qué eres tan cínica conmigo?
- Tú eres cínico y yo he aprendido de ti - me contestó.
- Pero no soy tan cínico como tú - le increpé.
- Ya, pero ahí está el trabajo de una musa. Una musa lleva las cosas al extremo. Si tu eres cínico yo soy una cínica extrema; si tú aportas imaginación, yo la derrocho; si tú quieres algo, yo lo tengo... - me contaba.
- ¡Pero no me ayudas cuando te necesito! - le interrumpí.
- Bueno, ese es el juego de las musas. Nosotras disfrutamos haciendoos perder la cabeza. Siempre tratamos de daros las ideas cuando no podéis apuntarlas y, luego, nuestra colega la memoria hace el resto para que cuando lleguéis a coger una hoja donde sea ya no recordéis nuestras ideas - confesó.
- Entonces... ¿por qué hay gente que sí es capaz de tener grandiosas ideas y hacerlas realidad? Hay montones de libros y películas que no se han podido hacer sin ayuda de musas, creo yo -le interrogué.
- Claro, algunos privilegiados son capaces de entrar en nuestras mentes y leer de ellas todas las ideas que tenemos. Algunos pueden permanecer más rato dentro de nuestras mentes, otros menos; pero sólo entrar en ellas es algo tan difícil como ponerte delante de una hoja en blanco y escribir algo interesante.
Y la conversación siguió horas y horas y hoy cuando la recuerdo me doy cuenta de que es porque ella quiere que la recuerde. Si no fuese así, su amiga la memoria me hubiese hechizado con su encanto musical sustituyendo mis recuerdos por la melodía de una música punzante. Y es que mi musa es extremamente más cínica que yo, pero también le gusta muchísimo más que a mi que se la recuerde y que le rodee un halo de misterio en torno a ella.
Aquel día la musa me echó un órdago. Puso sus cartas sobre la mesa y entendí cuál era su función en mí. Hoy, cada vez que me planto delante de una hoja en blanco, sé que ella tiene un buen juego y duples y que yo no tengo más que cuatro cartas inservibles, pero si soy capaz de jugarlas bien, llegaré a escribir algo de interés. Seguro que nada que alcance los límites de la emoción y de la belleza, pero sí algo que merezca la pena pues, en lo más profundo de mí, sé que lo que yo escriba lo supervisará ella y su orgullo es mil veces mayor que el mío y entiendo que no dejará pasar un escrito de mala categoría.
Se lo dedico a mi musa, aunque sea ella quien lo ha escrito.
1 comentario:
Vaya,vaya. Esto es muy bueno!
Publicar un comentario