Dos amigos inseparables
- Hola, ¿qué tal estás?
- Bueno, bajo de ritmo.
- ¿Ya estás pensando otra vez en ella?
- Si no haces más que recordármela continuamente…
- Has estado ciego de amor.
- Da igual que yo no viese, ya te encargabas tú de guiarnos a los dos. Tú siempre has sido el racional, yo soy más sentimental.
- Sigo sin entender qué viste en aquella chica. A mí no me entró por los ojos. No me parecía muy guapa y las orejas… eran un poco raras.
- ¡Siempre racionalizándolo todo! Yo soy pasional, sentimental, vamos, que me dejo llevar. Cada vez que estaba junto a ella, me aceleraba. Pero tú no puedes quejarte mucho, ¡anda que no te gustaba entrar en debates intelectuales con ella o disfrutar de su humor!
- Sí, es verdad… En ese aspecto sí que me agradaba mucho.
- ¡Y bien que la acaparabas con tanta conversación!
- Bueno, como has dicho, tú eres más pasional; la comunicación no es lo tuyo.
- Sólo deseaba que dejases de hablar con ella para que fuese mía…
- ¡Ah, ya sé lo qué podemos hacer!
- ¿El qué?
- ¡Vámonos a emborracharnos!
- Uf, deja, deja.
- ¿Por qué no? Lo pasaremos bien.
- Quizá durante pero, al día siguiente… Ya sabes que el alcohol no me sienta nada bien, al día siguiente siempre tengo palpitaciones.
- Bah, yo mañana también estaré fatal. Me dolerá todo y no seré capaz de coordinar… ¡pero da igual!
- A ver si me la vas a liar que mañana dependo de ti.
- Siempre dependes de mí, no eres nada independiente ;).
- Y tú dependes de mí; sin mí no eres nada, jeje.
- Ay, corazón, es cierto, si tú dejases de latir…
- Bueno, cerebrín, todo hay que decirlo, si no me mandases impulsos eléctricos yo tampoco serviría para mucho.
Desde mi cerebro con mucho amor, de todo corazón.
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